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Don Mario Mercado Montalvo, un hijo natural de Ponce, nació en el año 1855. Su notable dominio en la teneduría y los libros le permitió desempeñarse hábilmente como administrador de los bienes de insignes caballeros de la región sur del país.
Uno de sus clientes lo fue el destacado comerciante Don José Trujillo Pizá, quien fue socio y gestor de la firma “Trujillo y Subiñá”, la misma empresa la misma tienda que luego se conoció como “El Cometa” de Ponce. En su afán de intervenir por la creciente industria del azúcar, este acaudalado hombre de negocios (Trujillo) compró en el año 1896 un latifundio de unas 2,500 cuerdas de extensión, que iban desde la costa hasta los campos de Guayanilla.
Estas tierras llevan el nombre de Rufia en honor a Juana Rufina de Torres, la esposa del dueño original de vasto predio: Don Dionisio Torres de Figueroa. En el lugar Don Dionisio había intalado, allá para el 1842 , un trapiche o molino para procesar la caña. Al mermar su capital a finales de siglo, su extensa propiedad fue liquidada por una compañía mercantil; por lo que Trujillo halló el momento y las circunstancias precisas para adquirir el territorio en 1896, y junto a su nuevo socio y experto en la materia Don Mario Mercado Montalvo, fundó la próspera central Rufina en 1901.
A ese proyecto le sonrió la fortuna. La Central Rufina fue durante las primeras 5 décadas del siglo el eje económico de Guayanilla. Su asentamiento fue tan bien recibido por la necesitada población del área que en 1935 también se creó en las cercanías del lugar en l Barrio Rufina.
En el año 1916 fue uno clave y determinante en el futuro de Don Mario Mercado y el de su familia. De acuerdo con los datos suministrados por el Prof. Otto Sievens, doctor historiador de Guayanilla, “En ese tiempo su poderoso socio le ofreció en venta total de sus acciones en la firma agrícola “Trujillo & Mercado”, más a un precio por acción sumamente bajo”.
“Aunque no contaba con todo el capital, Don Mario recurrió a un préstamo para tomar el control de la empresa. Se cree que fue subvencionado por Don Manuel González, otro rico hacendado de Salinas, según consta en el folclor popular; en la plena que dice:
“Don Manuel González quiere arrendar la Rufina.
Sube a la oficina, firma los papeles,
Que Don Manuel González
Quiere arrendar la Rufina”.
De este modo y al lograr que otros accionistas minoritarios vendieran su participación, la Central Rufina pasó a ser gobernada por la firma de “Mario Mercado & Hijos”.
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